¿Por qué la claridad de mando acelera a tu empresa? Un solo jefe, una sola dirección


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“En el organigrama de una empresa debemos tener claridad en las líneas de mando; un colaborador no debe rendir cuentas a dos jefes, eso entorpece los procesos administrativos.”
La frase resume una tensión cotidiana: ¿quién decide y a quién se rinde cuentas? Para quienes trabajamos en administración, no es novedad. Henri Fayol lo llamó hace más de un siglo unidad de mando: cada persona debe recibir órdenes de un solo superior. Hoy, con agilidad, squads y estructuras matriciales, el tema vuelve al centro.
Este artículo explica por qué la claridad de mando sigue siendo crítica, cuándo puede “romperse” sin colapsar y cómo diseñar una organización que combine colaboración transversal con responsabilidad nítida.
Cuando alguien reporta de facto a dos jefes —aunque el organigrama diga otra cosa— aparecen patrones conocidos:
En lenguaje moderno: cuando no está clara la autoridad decisoria, los costos de coordinación se disparan. Y en mercados donde la velocidad de aprendizaje es ventaja, esos costos salen carísimos.
La colaboración transversal no implica violar la unidad de mando. Las estructuras matriciales y los equipos ágiles cruzan funciones (Marketing, Producto, Tecnología) para acelerar, pero con reglas de gobierno que preservan la responsabilidad final.
En resumen: muchas voces, una voz final por decisión. Sube la colaboración, baja la confusión.
Lucía es analista de marketing. En papel, reporta al Director de Marketing. Pero el Gerente de Ventas le pide apoyar una activación urgente para un cliente clave. “Son dos días”. A la vez, su director la tiene como responsable de un A/B test del sitio. Ambos la miden: uno por lift de conversión, el otro por ventas.
Lucía parte su semana, responde chats a toda hora y entrega a medias. La activación sale sin material; el A/B se retrasa y pierde la ventana de tráfico. Su evaluación queda en “cumple parcialmente”.
¿Qué falló? Nadie definió quién tenía prioridad sobre su tiempo. Bastaba una conversación entre líderes para acordar: “Ventas es prioridad por 72 h; Marketing reprograma la prueba; el director mantiene la evaluación y Ventas da feedback funcional”. Un acuerdo simple hubiera evitado el desorden.
Si marcaste varias, tienes un problema de gobernanza, no de personas.
Días 1–30 (Diagnóstico): mapea proyectos y decisiones críticas; encuesta relámpago (“¿A quién consideras tu jefe? ¿Quién te evalúa? ¿Quién prioriza tu trabajo?”); detecta doble jefatura y cuellos de decisión.
Días 31–60 (Diseño): define dueños únicos por decisión crítica; establece RACI para 10–15 decisiones de alto impacto; ajusta organigrama y cartas de rol con autoridad y límites.
Días 61–90 (Implementación): comunica el nuevo esquema con ejemplos; forma líderes en priorización y escalación; implementa tablero de time-to-decision, retrabajo y eNPS; revisa mensualmente por un trimestre.
Referencia operativa: muchas organizaciones observan mejoras del 20–30% en tiempo de decisión y retrabajo al clarificar la autoridad. Es una estimación que varía por contexto.
Se confunde claridad con control rígido. Es al revés: la claridad habilita autonomía. Cuando todos saben quién decide y con qué criterios, los equipos actúan sin pedir permiso. La burocracia nace de la incertidumbre, no de las reglas explícitas.
Organizar es decidir cómo fluye la autoridad y la información. La unidad de mando no es capricho clásico: es antídoto contra la fricción. Fomenta colaboración transversal, squads y capítulos, pero pon un dueño inequívoco en cada decisión y cada persona. Ganarás velocidad, calidad y liberarás energía para crear valor, no para resolver disputas de mando.
Primer paso: mira tu organigrama. Si dudas sobre quién es responsable de qué, ya tienes el proyecto prioritario del trimestre. Escribe un nombre —uno solo— junto a cada decisión.
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